1.- Introducción
2.- Estableciendo mis objetivos profesionales y las acciones para alcanzarlos
3.- Cuando nosotros somos el principal obstáculo
4.- El proceso de búsqueda y la entrevista

1.- Introducción:

En el camino de la búsqueda de empleo al igual que en cualquier otro ámbito de nuestra vida intervienen muchas variables: algunas dependen de nosotros, pero muchas otras no (el COVID, el paro, nuestra edad, la no homologación de un título, etc.)

Desde el primer día hemos tratado de tomar consciencia de la importancia que tiene enfocarnos exclusivamente en aquellas variables que sí o sí dependen de nosotros, de poner nuestra energía en aquellos elementos que están bajo nuestro control empezando siempre por nuestra actitud. Esta ha sido la esencia y el gran objetivo de mi trabajo con el grupo: tomar consciencia de las variables que sí controlamos y ponernos en acción.

Las sesiones han tenido un enfoque eminentemente práctico y experiencial permitiendo a los participantes:

  • Tener un mayor grado de conocimiento sobre sí mismos, conocer sus valores y propósito vital y descubrir la importancia del enfoque en fortalezas.
  • Poder definir objetivos profesionales y personales y establecer un plan de acción para lograr su cumplimiento.
  • Aprender a conocer cómo funciona nuestra mente y cómo podemos gestionar nuestras emociones.
  • Hacer prácticas de entrevistas de trabajo y aprender a través de la experimentación directa.
  • Nutrirse de las vivencias y experiencias de sus compañeros a través de dinámicas basadas en generar espacios abiertos para compartir.

 

2.- Estableciendo mis objetivos profesionales y las acciones para alcanzarlos:

Durante las primeras sesiones trabajamos en grupos colaborativos e individualmente la identificación y conexión con nuestros valores y propósito vital abordando cuestiones como:

  • ¿Qué son los valores?
  • ¿Conozco mis valores?
  • ¿Diría que vivo en coherencia con mis valores?
  • ¿Qué es el propósito?
  • ¿Considero que tengo un propósito?
  • ¿Diría que camino hacia la realización de mi propósito?

 

También trabajamos el enfoque en fortalezas reflexionando y generando dinámicas de trabajo sobre:

  • ¿Conozco mis fortalezas?
  • ¿En que me enfoco más en mis fortalezas o en mis debilidades?

 

A partir de este trabajo de reflexión e indagación inicial empezamos a trabajar en un plan de desarrollo individual que recogiese nuestros objetivos profesionales con su correspondiente plan de acción para poder alcanzarlos. Algunas de los principales aspectos que contiene este plan son:

1.- Reflexión inicial:

  • A día de hoy, ¿quién soy? ¿Qué hago? ¿Cómo lo hago?
  • A futuro, ¿qué quiero ser? ¿Qué quiero hacer? ¿Cómo lo puedo conseguir?

2.- Autoconocimiento:

  • ¿Cómo me veo?
  • ¿Cómo me ven los demás?

3.- Identificación de necesidades:

  • ¿Cuáles son mis principales necesidades a día de hoy?
  • ¿Qué es aquello que no tengo y que me gustaría tener?
  • ¿Cómo me quiero sentir?

4.- Definición de objetivos: ¿qué quieres alcanzar?

Para aumentar las posibilidades de conseguir las metas propuestas debemos convertirlas en objetivos SMART (específico, medible, alcanzable, realista, ¿tiempo?). Por lo tanto, a la pregunta qué queremos alcanzar es importante que respondamos teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  • Objetivo (formulado en positivo y como un titular):
  • Fecha: ¿cuándo lo quieres alcanzar?
  • Evidencias: ¿cómo sabrás que lo has conseguido?
  • Alcanzable: ¿depende de ti exclusivamente ese objetivo?, ¿De no ser así en que grado depende de ti?
  • Realista: ¿el objetivo es abarcable en el plazo temporal que te has propuesto?

5.- Evaluación de recursos y obstáculos:

  • ¿De qué recursos dispones para poder alcanzar tu objetivo?
  • ¿Cuáles son tus recursos internos y externos?
  • ¿Qué recursos necesitarías si aún no los tienes?

 

Es fundamental evaluar los posibles obstáculos (internos y externos) que te pueden impedir lograr tu meta. Relaciona cómo los recursos de los que dispones o puedes disponer te pueden ayudar a superar los obstáculos detectados.

Obstáculos externos:

  • ¿Cuáles son los principales obstáculos externos que me separan de mi objetivo?
  • ¿Cómo los puedo superar?
  • ¿Quién me puede ayudar?

 

Obstáculos internos:

  • ¿Cuáles son los principales obstáculos internos que me separan de mi objetivo?
  • ¿Cómo los puedo superar?
  • ¿Quién me puede ayudar?

 

6.- Plan de Acción:

Una vez tenemos claro nuestros objetivos hemos de definir un plan de acción indicando:

✓ Qué empiezo a hacer y cómo lo voy a hacer

✓ Qué dejo de hacer

✓ Qué continúo haciendo

Es fundamental poner fecha a cada una de las acciones que vayamos a realizar

 

El objetivo:

En lo que se refiere al objetivo trabajamos sobre los 7 principios básicos para la definición de un objetivo:

  1. Que esté siempre formulado en positivo
  2. Que sea desafiante pero realista
  3. Que esté bajo nuestro control, que dependa de nosotros
  4. Que se pueda medir
  5. Contemplar qué recursos tengo y cuáles necesito
  6. Determinar cuál es el precio de mi objetivo
  1. Diseñar un plan de acción para conseguir tu objetivo

 

Para trabajar en el plan de desarrollo individual constituimos parejas tratando de fomentar el trabajo intergeneracional:

  1. Frank y Domingo.
  2. Silvia y Moisés.
  3. Juan Carlos y Charlotte.
  4. Eduardo e Isabel.
  5. Jesús y Andrea.

 

 

3.- Cuando nosotros somos el principal obstáculo

A partir de aquí comenzamos a explorar qué pasa cuando nosotros somos el principal obstáculo ante aquello que queremos conseguir explorando nuestros pensamientos y emociones:

Nuestros pensamientos, “esa voz” que escuchamos en nuestra cabeza, ¿nos permiten llevar una vida fácil, plena y feliz o por el contrario parece que muchas veces están “en nuestra contra” limitándonos, boicoteándonos y lastrando nuestro bienestar? ¿Es real todo lo que “nos contamos” a nosotros mismos o más bien poco o nada tiene que ver con lo que realmente está pasando? ¿Sería posible hacer algo para cambiar la relación que tenemos con nuestros pensamientos y poner nuestra mente a nuestro servicio?

Sin duda uno de los acontecimientos más importantes de la evolución humana es la capacidad que tenemos para pensar. Sin embargo, otro acontecimiento aún más importante, es la capacidad que tenemos para ir más allá de nuestros pensamientos.

Observemos en primer lugar cómo funciona nuestra mente.

No podemos evitar pensar

Cuando nos detenemos un instante en silencio podemos descubrir rápidamente una de las principales características de nuestros pensamientos: son inevitables. Se estima que nuestro cerebro genera unos 60.000 pensamientos diarios. Nuestra mente funciona como cualquier otro órgano de nuestro cuerpo, es decir, generando pensamientos por el simple hecho de estar vivos lo queramos o no. Apagar la mente y dejar de pensar no es una opción posible.

Pero, ¿quién piensa?

Cuando pensamos asumimos siempre la voluntariedad de la acción. Es decir, yo pienso.  Pero, ¿es esto completamente cierto? Por supuesto que pensamos, pero… ¿qué ocurre cuando no necesito o no quiero pensar en nada? Hagamos la prueba: detente un instante, deja todo lo que estés haciendo y durante los próximos 30 segundos lleva toda tu atención a las sensaciones físicas que percibes en tu abdomen al respirar y si lo deseas, cierra tus ojos. ¿Qué ha ocurrido? Te habrás dado cuenta de que tu mente no puede dejar de generar pensamientos. Tu intención era llevar toda tu atención a las sensaciones de tu respiración pero inevitablemente emergieron en tu mente todo tipo de pensamientos de manera involuntaria. Cuando lo vemos desde esta perspectiva podemos observar que gran parte del tiempo “somos pensados” por nuestra mente. Es decir, yo no decido pensar voluntariamente en nada, pero el pensamiento, simplemente ocurre. Esto puede resultar bastante chocante al principio, aunque al mismo tiempo puede ser bastante liberador al hacernos conscientes de que los pensamientos no son nuestros, sino que simplemente aparecen en nuestro campo de consciencia. También abre una puerta a la esperanza, ya que, si soy capaz de observar mis pensamientos desde la distancia, viendo como aparecen en mi consciencia, también puedo ser capaz de elegir si ese pensamiento que acaba de surgir en este instante me resulta útil para vivir este momento o no. Y aquí radica el quid de la cuestión, ya que, normalmente, no observamos ni elegimos, sino que nos identificamos y nos dejamos arrastrar por absolutamente todo lo que aparece en nuestra mente. Asumimos que nosotros somos lo que pensamos, tanto si esos pensamientos son voluntarios como si no lo son.

Los pensamientos no están bajo nuestro control

Muchas veces intentamos controlar nuestros pensamientos. Por ejemplo, desearíamos tener pensamientos positivos y afectuosos acerca de nosotros mismos y desterrar los que consideramos como negativos o nos hacen daño. Sin embargo, otra característica de los pensamientos es que están completamente fuera de nuestro control. No puedo saber cuál será el pensamiento siguiente, no hablemos ya de los de mañana. ¿Has observado qué ocurre cuando intentas no pensar en algo concreto? (el clásico ejercicio de “no pienses en un elefante rosa”, por ejemplo). Inevitablemente ese pensamiento, esa imagen, aparece. No puedes no pensar en ello. No lo puedes controlar.

Todo es una interpretación

Quizás la característica más importante de los pensamientos es que estos nunca describen la realidad. El hecho de que el contenido de mis pensamientos, mientras espero por los resultados de la prueba médica que me acaban de realizar esta mañana, sea muy negativo, no convierte ese contenido mental en una realidad. ¿Acaso puedo saber realmente qué es lo que va a suceder? Todo es una interpretación y lo que realmente nos afecta a cada momento no es el hecho objetivo en sí que estamos viviendo, sino lo que “nos contamos” acerca de la experiencia, es decir, lo que mi mente interpreta.

Entonces, ¿qué podemos hacer con nuestros pensamientos? ¿Cómo podemos ir más allá de eso que “nos contamos” a cada instante?

 

1.- Fortalece tu atención

A través de la práctica continuada de mindfulness (atención plena) fortalecemos el músculo de la atención. Es decir, entrenamos nuestra atención para que permanezca donde nosotros deseamos que esté y deje de ser como un “mono loco” que va saltando de pensamiento en pensamiento.

Con la práctica comenzaremos a “separarnos” progresivamente y de manera natural de nuestra divagación y rumiación mental. Desarrollaremos lo que se denomina figura del “observador”, descubriendo la posibilidad que tenemos de elegir si un pensamiento es útil para nosotros o no, sin quedar atrapados por ellos. Poco a poco comenzaremos a ver a los pensamientos como “fenómenos mentales” y no como la realidad, pudiendo gozar de una deliciosa y progresiva sensación de libertad.

2.- Permanece en el presente

Nuestra mente, por defecto, no suele permanecer mucho tiempo en el momento presente. Pero, ¿cuáles son las consecuencias que se derivan de ello?, ¿para qué estar presentes? Los pensamientos no son gratuitos y en muchos casos traen consigo emociones aflictivas que nos generan estrés y ansiedad. Pensemos en el miedo, por ejemplo. Si lo analizamos, veremos que nuestro miedo es siempre sobre lo que va a pasar en un futuro y no sobre lo que está pasando ahora. En otras palabras, nuestro miedo es sobre algo que realmente no existe, es imaginario. No está basado en la realidad. Está basado en nuestra mente, en nuestros pensamientos. Cuando estamos perdidos en nuestros pensamientos de futuro, esa es la base de nuestro miedo. Si estuviéramos basados en la realidad, en lo que realmente está pasando aquí y ahora, entonces no habría miedo.

Entonces, ¿cómo podemos estar más presentes y tomar distancia de nuestros pensamientos cuando estamos completamente “atrapados” en ellos? Para conectar con el aquí y ahora tenemos siempre un recurso disponible: nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo habita en el instante presente y para salir de la identificación con el pensamiento y re-conectar con este momento no tenemos más que sentirlo, tomar consciencia de él. Por ejemplo, podemos llevar nuestra atención a nuestros pies (la parte del cuerpo más alejada de nuestra mente) y observar qué estamos sintiendo. También podemos conectar con los sentidos tomando consciencia de los sonidos, de los olores, etc. que captamos en este instante o, simplemente, podemos caminar tratando de sentir el movimiento de nuestro cuerpo y las sensaciones del aire en nuestro rostro. Si lo practicamos, podremos observar que divagar mentalmente y sentir no son compatibles. Si sentimos y percibimos las sensaciones de nuestro cuerpo, detendremos el bucle de pensamientos.

3.- Utiliza los pensamientos para conocerte mejor a ti mismo

A medida que profundicemos en nuestra práctica y desarrollemos los recursos internos necesarios, podremos experimentar como cada vez nos creemos menos y nos cuestionamos más nuestros propios pensamientos.

Pero los pensamientos seguirán estando ahí y habrá muchos momentos en los que nos continuaremos identificando profundamente con ellos. Hay quien los llama “pensamientos velcro”. Son esos pensamientos espontáneos de carácter negativo que surgen en situaciones muy concretas y que nos enganchan casi de inmediato: un pensamiento de juicio, uno que nos avergüenza y nos hace sentir pequeños, uno acusatorio que nos enfada y nos produce una profunda ira, etc. Normalmente este tipo de pensamientos son capaces de mantenernos temporalmente en un estado de identificación generándonos fuertes emociones aflictivas. No obstante, si somos capaces de mirar a estos momentos de identificación con total honestidad y responsabilidad, podremos ver que también constituyen una excelente oportunidad para profundizar en nuestro autoconocimiento.

Hay muchas maneras de practicar la autoindagación. Una muy interesante puede ser escribir sobre qué nos está pasando. Podemos tratar de definir exactamente cuál ha sido el patrón de pensamiento o la creencia en la que nos hemos vistos atrapados, cuál ha sido la causa o detonante, cuál ha sido nuestra interpretación y cuál el hecho objetivo. A continuación podemos tratar de observar la emoción o emociones que ese pensamiento ha generado y preguntarnos: ¿qué elementos, qué sensaciones físicas componen esta emoción? ¿Cuál es la necesidad básica que está en el origen de este pensamiento y emoción? (por ejemplo, es frecuente que en el origen del miedo esté la necesidad de seguridad).

Lo ideal es que cada uno de nosotros encuentre la manera más adecuada para indagar y profundizar en su autoconocimiento. Lo importante es ir al núcleo del proceso del pensamiento y de la emoción. De esta manera podremos descubrir las creencias ilusorias que nos crean dolor en el momento presente.

La mente es un gran sirviente pero un amo horrible

En definitiva y como decíamos al principio, todo comienza con una sencilla reflexión: mis pensamientos, ¿me ayudan o dificultan mi vida? A partir de ahí podemos comenzar a observar y a tomar consciencia de cómo funciona nuestra mente y a entender que nuestros pensamientos son simplemente sugerencias e interpretaciones de nuestra mente y no hechos objetivos. A través del desarrollo de nuestra atención, la conexión con el cuerpo y la indagación, descubriremos una nueva manera de relacionarnos con nuestros pensamientos, experimentando una mayor sensación de libertad y equilibrio en nuestra vida.

 

Durante los talleres reflexionamos sobre los pensamientos, las creencias y nos sumergimos en el universo emocional trabajando sobre el ABC de las emociones o la práctica de RAIN, entre otras:

Abordamos también una cuestión fundamental en el camino de la búsqueda de empleo: la aceptación de la realidad.

  • La aceptación significa reconciliarse con la realidad. Nos abrimos a lo que hay sencillamente porque es lo está pasando, aunque no nos guste. Cuando aceptamos “aflojamos” y dejamos de luchar con la realidad: esta es la nueva situación ahora y con ella tenemos que jugar.

Exploramos la fórmula del sufrimiento (Sufrimiento = Dolor x Resistencia) y reflexionamos sobre la diferencia entre aceptación, resignación y confrontación irracional para potenciar nuestra actitud ante lo que sí podemos controlar:

  • Resignación: “tirar la toalla” ante el problema. No se hace nada o se hace menos de lo que se podría hacer. Actitud pasiva. Frases como: “que le vamos a hacer”, “esto es así”, “es lo que hay”.
  • Confrontación irracional: actitud de negación del problema y/o sobreactuar en un intento desesperado de solución, sin tener en cuenta la eficacia real de mis acciones. Frases como: “esto no puede ser”, “esto no puede estar pasando”, “hay que solucionarlo como sea”, “si uno quiere puede conseguirlo todo”. Actitud activa pero no efectiva.
  • Aceptación de la realidad: es admitir que las cosas muchas veces no son como me gustaría y dejar de luchar contra la realidad que no controlo. Tolerar de la manera más efectiva el problema actuando solo en aquello que pueda ser útil. Actitud activa y efectiva.

Exploramos la práctica de mindfulness y realizamos alguna pequeña práctica. Mindfulness significa atención plena y se refiere a un estado o rasgo de la mente humana presente en todos los individuos, asociado a un gran nivel de bienestar psíquico y físico. También denominamos mindfulness a la técnica psicológica que nos permite desarrollar dicha capacidad mental. Esta técnica no tiene ninguna reminiscencia religiosa o cultural y hoy en día cuenta con una sólida evidencia científica.

La cualidad de mindfulness se desarrolla a través del entrenamiento de la atención. Para ello dejamos de funcionar en “piloto automático”, rumiando sobre el pasado o proyectándonos continuamente en el futuro y traemos nuestra atención a lo que está ocurriendo en el momento presente. Esta atención plena y consciente incluiría dos aspectos fundamentales:

1.- Estamos atentos a lo que estamos experimentando momento a momento en el instante presente. Nuestra mente no está en el pasado ni en el futuro sino que permanece en el aquí y ahora.

2.- No juzgamos ni criticamos la experiencia presente, sino que la aceptamos tal y como es, con apertura y curiosidad. Cualquier elemento de no aceptación que exista en la experiencia, hará perder el estado mindfulness.

 

¿Cuáles son los beneficios de la práctica para el individuo?

La práctica regular de mindfulness mejora nuestra capacidad de atención, concentración y memoria por lo que se convierte en una excelente herramienta para ampliar nuestras funciones cognitivas. Las prácticas formales se basan en mantener la atención fija en la respiración, sensaciones corporales u objetos externos, volviendo al objeto de meditación cuando seamos conscientes de que nuestra mente divaga, evitando elaborar o juzgar los pensamientos, sensaciones o sentimientos que aparecen.

El mindfulness mejora la salud de manera general, presentándose como una herramienta muy eficaz para la reducción del estrés: la práctica continuada reduce los niveles de cortisol, hormona que se libera en respuesta al estrés y cuya secreción prolongada provocada por el estrés crónico puede dar lugar a importantes cambios fisiológicos. Diversos estudios señalan relaciones positivas entre el mindfulness y la mejora de problemas como la depresión, la ansiedad, el insomnio y otros comportamientos que se ven producidos o incrementados por el estrés crónico.

El cultivo de la atención plena impacta muy positivamente en nuestro equilibrio emocional. En concreto, la práctica continuada de mindfulness afectaría principalmente a seis dimensiones del perfil emocional (Richard J. Davidson): resiliencia (capacidad para recuperarse ante la adversidad), actitud positiva (compromiso y nivel de energía mantenidos incluso en las circunstancias más difíciles), autoconocimiento (ser conscientes de nuestros sentimientos, emociones y de nuestro cuerpo), intuición social (empatía y compasión), sensibilidad al contexto (“saber estar” e interpretar el entorno en el que nos encontramos) y atención (foco y concentración).

 

 

4.- El proceso de búsqueda y la entrevista

El camino de la búsqueda de empleo comienza con saber quiénes somos y hacia dónde vamos, tener objetivos, un plan de acción y la actitud necesaria para solventar todas las dificultades que se nos presenten.

Una vez trabajados los aspectos anteriores nos centramos en trabajar sobre el CV, la carta de presentación y sobre por dónde comenzar a buscar, es decir, portales de búsqueda de empleo, ETT, contacto directo con la empresa, etc.

A partir de ahí abordamos en un elemento fundamental en la búsqueda de empleo: la entrevista. Entre otras cosas trabajamos:

  • “Desmontar” al entrevistador y empatizar con él tomando consciencia de sus miedos.
  • Cómo “vendernos”: el entrevistador es nuestro cliente y tenemos que convencerle de que nuestro “producto” es el mejor. No hables de ti, háblale directamente a él y a sus necesidades y de los beneficios que eso que tú sabes hacer le aportarán. Tienes que conocer muy bien a la empresa y conocerte muy bien a ti mismo.
  • Cómo detectar sus necesidades: la escucha es fundamental. A las empresas les encanta hablar de sí mismas y durante la entrevista te van a contar muchas cosas.

¿Sabes hacer lo que necesitamos que hagas? à Desempeño ¿Has tenido éxito haciéndolo? à Logros ¿Lo podrías hacer? à Actitud

  • Las armas que tenemos para “vender”: experiencia, competencias, habilidades, logros y actitud. Vender exige un ejercicio de autoconocimiento. Debemos construir nuestra propuesta de valor.
  • La confianza: nos contratan por confianza y la actitud es la llave principal de la confianza
  • Prepárate para contar tu historia de lo general a lo particular: desde la propuesta de valor a cada uno de los detalles y recovecos de tu CV.
  • Propuesta de Valor Personal. Tenemos que transmitir al cliente por qué debería elegirnos a nosotros frente a otros candidatos:
    • Profundiza en los aspectos que te hacen único y encájalo con las necesidades que podría tener la empresa.
    • Destaca tus principales logros demostrando que cuentas con las capacidades y habilidades necesarias para el puesto.
    • Cuéntalo en 2 minutos (elevator pitch)
  • Revisamos las preguntas que siempre caen: Aquí no podemos fallar. No hay respuestas mejores o peores. La clave es mostrar equilibrio y sentido común.

Tenemos que ver si hay alguna que pueda resultar comprometedora o difícil para nosotros y si es así, prepararla muy bien.

  • Reflexionamos sobre aspectos como:
    • ¿Cuándo comienza realmente la entrevista?
    • ¿A qué hora debemos llegar a nuestra cita?
    • ¿Cómo debemos ir vestidos?
    • ¿Cuál debe ser nuestro lenguaje verbal y no verbal?
    • ¿Se habla de dinero?
    • ¿Qué hacemos con los nervios?
  • Finalmente hicimos una dinámica simulando una entrevista de trabajo real dándonos feedback unos a otros sobre lo mejor y lo que se podría mejorar.

Manuel Darriba

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Teléfono: (+34) 600 901 636

Email: manuel@manueldarriba.com